Resumen 16/Dic: Grand Slam de Corredor, recital de Ildemaro y Acuña Jr. en una jornada de alto voltaje

Tres juegos bastaron para sacudir la LVBP: remontada en Caracas, festival de jonrones en Barquisimeto y un duelo de cuatro horas en Maracay con Acuña Jr. como sello.

Posted by Redacción Meridiano on 16 de diciembre de 2025

La jornada de este martes 16 de diciembre en la LVBP tuvo apenas tres juegos en el calendario, pero alcanzó para un menú completo: remontada dramática en Caracas, paliza con festival de jonrones en Barquisimeto y toma y dame de cuatro horas en Maracay, con nombre y apellido: Ronald Acuña Jr. Cada duelo movió piezas en la tabla y dejó mensajes claros a las novenas que todavía se creen con vida en la carrera a enero.

En el Monumental, los Leones del Caracas parecían condenados a otra noche de frustración cuando Caribes les abrió 5-0 temprano. Pero el line up melenudo encontró por fin un turno grande, ese que ha extrañado en tantos juegos cerrados: un Grand Slam de Aldrem Corredor que cambió la narrativa y reescribió un juego que olía a barrida oriental. Aun así, la victoria 8-7 llegó con susto final y sabor de “uff, por fin”.

En Barquisimeto, los Cardenales de Lara confirmaron que su ofensiva está en modo postemporada, sonando cuatro jonrones y montados sobre la figura encendida de Ildemaro Vargas, nuevo líder bate del circuito. Y en Maracay, los Tiburones de La Guaira sacaron un lauro que pesa más que un simple 10-9: frenaron el envión de Tigres y se metieron de lleno en el pelotón que pelea del cuarto al sexto lugar, respaldados por un Acuña Jr. que marca diferencia en todos los renglones del juego.

Corredor cambia la noche en el Monumental

Caracas arrancó con la misma pesadilla de tantas veces en esta temporada: Erick Leal sin comando en el segundo inning, Caribes atacando sin compasión y un 5-0 que silenció por momentos el Monumental. Sencillos de Leonel Valera y Hernán Pérez, más el doble de Antonio Piñero, pintaban el libreto de otro revés melenudo ante un rival directo en la lucha por la clasificación.

Pero a diferencia de otras noches, Leones no se quedó en el dugout mirando el sótano. Primero, un sencillo de Orlando Arcia en la baja del segundo encendió la chispa. Y en el tercero llegó la jugada que parte el juego en dos: Aldrem Corredor, con las bases llenas, cazó un pitcheo que se quedó en la zona y la sacó por el jardín derecho. Grand Slam, empate 5-5 y un Monumental que por fin sintió algo parecido a octubre, aunque estemos en diciembre.

El golpe anímico se completó en el cuarto capítulo. José Rondón descargó un jonrón de dos carreras y Freddy Fermín aportó elevado de sacrificio para poner la pizarra 8-5. A partir de ahí, el duelo se mudó al bullpen. Caribes no dejó de pelear: Diego Infante y Balbino Fuenmayor la sacaron en el octavo para acercar a 8-7, con Fuenmayor consolidado como líder jonronero del torneo con 15 cuadrangulares y sacando ventaja sobre el resto del circuito.

La jugada que no sale en la línea de boxscore, pero pesa como un jonrón, fue la atrapada de Leonel Espinoza en el center en ese mismo octavo episodio. Caribes amenazaba con empatar y el batazo parecía destinado al hueco; Espinoza lo convirtió en out y le devolvió el aire al dugout capitalino. Luego, Carlos Hernández colgó un cero de calidad en el octavo y Ricardo Rodríguez se encargó del noveno para asegurar el 8-7.

En lo macro, el triunfo no saca a Caracas del último lugar (22–27 y todavía a seis juegos de Bravos), pero corta una tendencia autodestructiva y mantiene vivas las opciones matemáticas. Para Caribes (24–23), la derrota duele porque era una oportunidad dorada para seguir respirándole en la nuca a Margarita y afianzarse en la parte alta. En una temporada tan corta, dejar escapar un 5-0 nunca es simplemente “un juego más”.

Ildemaro y la artillería de Lara no perdonan

En Barquisimeto, el libreto fue distinto: no hubo que remontar, sino acelerar y no levantar el pie del acelerador. Las Águilas del Zulia picaron adelante 1-0 con elevado de sacrificio de Isaias Tejeda, pero la noche estaba marcada para el bate larense. En el cuarto inning, Alejandro Mejía igualó las acciones con un jonrón solitario y acto seguido Alí Sánchez desapareció la bola con un compañero en base para voltear el marcador 3-1.

El inning grande llegó en el quinto, cuando Cardenales de Lara armó un rally que retrata lo que es este equipo cuando engrana: doble de dos carreras de Mejía, otro doble de Danry Vásquez, y los maderos de Ildemaro Vargas y Jesús Bastidas remolcando más rayitas. De un pestañeo, el juego estaba 9-2 y el Estadio Antonio Herrera Gutiérrez en modo celebración anticipada.

Ya en la recta final, Zulia intentó maquillar el marcador, pero cada intento tuvo respuesta. Tejeda produjo de nuevo, pero Lara devolvió el golpe con jonrón de Ildemaro Vargas y otro de Bastidas en el octavo, para dejar el definitivo 13-6. En total, Cardenales conectó cuatro jonrones y seis extrabases, con trece hits y una demostración contundente de profundidad ofensiva.

Vargas firmó una noche de 5-4, jonrón, cinco impulsadas y tres anotadas, manteniendo un promedio ofensivo que ronda los .380 y tomando el liderato de bateo del torneo, desplazando a Gorkys Hernández. No es solo una línea bonita de números: es la imagen de un pelotero que se ha convertido en el motor emocional y deportivo de un equipo que ya se ve de lleno en enero.

Para Zulia, la historia es distinta. El abridor José Dávila no pudo sostener su candidatura al liderato de efectividad y el bullpen zuliano se derrumbó, permitiendo diez carreras entre todos sus relevistas. El resultado deja a Águilas con registro de 24–25, entrando a terreno negativo y metido de cabeza en el grupo que pelea su supervivencia en la recta final del calendario.

Lara, por su parte, se coloca en 26–23, sólido escolta de Bravos de Margarita (28–21). Más allá del número, la sensación es clara: Cardenales está encontrando la combinación de picheo suficiente y ofensiva devastadora que tantas veces lo ha llevado a discutir títulos en la LVBP.

Acuña Jr. le pone su sello a un toma y dame en Maracay

Si el juego en Barquisimeto fue una demostración de poder, el de Maracay fue una prueba de resistencia. Tiburones de La Guaira y Tigres de Aragua se enfrascaron en un duelo de toma y dame que duró cuatro horas y terminó 10–9, con la sensación de que cualquiera podía haberlo ganado. En ese caos controlado, Ronald Acuña Jr. fue el factor diferencial.

Desde el comienzo, ambas ofensivas atacaron. El abridor Christian Mejías por Tigres permitió cuatro carreras en cuatro innings (todas sucias, pero igual pesadas en el marcador), mientras La Guaira respondía cada vez que Aragua se acercaba. Acuña Jr. sumó tres hits, dos bases robadas y dos anotadas, encendiendo constantemente el line up, pero su jugada más grande no fue con el bate.

En el octavo inning, con el juego 9–6 a favor de Tiburones, el setup Jairo Iriarte perdió el comando y permitió que Tigres armara un rally: hit de José Sibrián, boleto a “Cafecito” Martínez, pelotazo a Lorenzo Cedrola, imparable de Gorkys Hernández y doble por reglas de Alberth Martínez. De pronto, el juego estaba empatado 9–9 y el ambiente en Maracay olía a remontada aragüeña.

Pero en la continuación de ese capítulo llegó la jugada que cambió el guion: elevado de Leobaldo Piña al right, Acuña Jr. tomó la bola y disparó al plato para completar un dobleplay y enfriar la posibilidad de que Tigres tomara ventaja. Es el tipo de acción que no solo corta una amenaza, sino que manda un mensaje: con él en el campo, cada rolling, cada fly, puede volverse una jugada grande.

En el noveno, La Guaira aprovechó la grieta que dejó el bullpen bengalí. Carlos Tocci abrió con hit, Juniel Querecuto lo movió con toque de sacrificio y un lanzamiento desviado de Ronnie Williams lo llevó a tercera. Luego, un sencillo dentro del cuadro de Alcides Escobar produjo la carrera del 10–9. En el cierre, Edgardo Henríquez volvió a ser confianza pura desde el montículo: retiró a Tigres sin daño para su tercer salvado, manteniendo una efectividad inmaculada.

En lo individual, el juego dejó también luces para Aragua: Gorkys Hernández se fue de 5-3, llegó a 70 hits en la campaña y sigue en ruta a otra temporada de 80 imparables; José Sibrián sumó tres hits y alcanzó 25 en 30 juegos. Pero en lo colectivo, el mensaje es preocupante: Tigres ahora exhibe récord de 24–26, con cuatro derrotas seguidas desde el 12 de diciembre, luego de haber arrancado 10–3. El 14–23 desde el 1.º de noviembre refleja un equipo que, simplemente, no ha encontrado cómo cerrar juegos.

La Guaira, con marca de 24–25, ahora comparte cuarto lugar con Zulia y se mantiene dentro de los puestos de clasificación. Con Acuña Jr. en el roster y un bullpen que, con todo y tropiezos, logra cerrar, Tiburones luce como un club que nadie quiere ver en una serie corta.

La tabla aprieta y el margen se hace mínimo

La foto que deja la jornada del 16 de diciembre es la de una liga partida en tres grupos: Bravos y Cardenales marcando el paso en la parte alta; Caribes, Águilas, Tiburones y Tigres metidos en una montaña rusa de rachas que los sube y los baja entre el tercero y el penúltimo lugar; y Leones, que sigue en el sótano, pero se resiste a entregar las llaves del campeonato tan pronto.

El triunfo de Caracas no cambia su realidad, pero sí su estado de ánimo. El de Tiburones en Maracay tiene dos lecturas: revive a La Guaira y golpea la confianza de Aragua en el peor momento. La paliza de Cardenales, por su parte, fortalece la percepción de que Lara está entrando al tramo decisivo con un line up afinado y un líder de bateo que juega como importado de lujo, pero con apellido de casa.

Con el calendario entrando en su zona caliente, cada turno grande –como el Grand Slam de Corredor, la noche perfecta de Ildemaro o el tiro de Acuña Jr. al plato– empieza a pesar como una serie completa. Al final, en la LVBP de estos años, la clasificación no se define por el equipo que más pega, sino por el que menos se equivoca cuando el margen ya es una línea delgada.

Porque, al ritmo que va esta temporada, todo indica que no serán los más ruidosos los que sobrevivan a diciembre, sino aquellos que entiendan que en este béisbol invernal los grandes capitanes no se retiran ni se rinden: simplemente encuentran otra manera de ganar el juego de mañana.