Magallanes naufraga en el noveno: la crisis del cierre ya es histórica

Magallanes iguala un récord de siete derrotas por walk-off en una temporada y desnuda una crisis profunda en el noveno inning con Felipe Rivero en el centro del huracán.

Posted by Redacción Meridiano on 9 de diciembre de 2025

Anoche en San Cristóbal, el último out volvió a convertirse en una quimera para Navegantes del Magallanes. El juego parecía controlado, el libreto del bullpen iba encaminado… hasta que el noveno inning trajo otra vez el mismo final conocido: dejarse caminar fuera del estadio y salir del terreno con la cabeza gacha.

La remontada de Caribes en la Serie Táchira no solo significó otra derrota dolorosa. Fue la estocada que llevó al Magallanes a igualar un récord adverso en la historia de la LVBP: siete derrotas por walk-off en una misma temporada. Una marca que hasta ahora pertenecía a viejas versiones de Águilas y Cardenales, y que hoy habla más de fragilidad que de épica.

En el centro del huracán aparece un nombre propio: Felipe Rivero. El zurdo volvió a ser protagonista involuntario del guion, al permitir las carreras que sentenciaron la remontada aborigen, en un relevo que sumó 6 rayitas (5 limpias) entre el octavo y noveno episodio. Para una fanaticada que creció acostumbrada a cerradores dominantes, este Magallanes se siente irreconocible en la entrada final.

Un cerrador sin red en el noveno

El caso Rivero es el símbolo más crudo de la crisis del cierre. No se trata de un resbalón puntual, sino de un patrón preocupante. Tres de las siete derrotas por dejarse en el terreno han caído con él en la lomita, y ante Caribes sus números pintan un cuadro alarmante: 11 carreras permitidas (4 sucias), 10 hits y 4 jonrones en apenas 3.1 innings en la temporada.

En el papel, Rivero tenía las credenciales para asumir el noveno: brazo zurdo, experiencia, historial de relevista de peso. Pero el juego real ha sido otra cosa. Cada salvado fallido, cada recta que se queda en la zona alta, ha ido erosionando tanto la confianza del cuerpo técnico como la paciencia de la afición. Y cuando el cerrador duda, el resto del dugout siente que cualquiera ventaja es demasiado pequeña.

Un experimento permanente en el bullpen

La realidad es que Magallanes nunca terminó de asentar un dueño del noveno inning. Entre Rivero, Wilking Rodríguez y Enderson Franco se repartieron oportunidades en la primera mitad de campaña, sin que ninguno lograra blindar el rol.

La lesión de Wilking Rodríguez, fuera por molestias en el bíceps, terminó de dejar al equipo con menos cartas confiables para el cierre. Franco ha sido más una pieza de “bombero” intermedio que un candado puro, y el resultado es un bullpen que muchas veces llega al noveno con el margen justo… y sin una figura que se pare en la lomita con jerarquía de “se acabó esto aquí”.

Cuando una organización pasa media temporada “probando” cerradores, casi siempre el problema va más allá del nombre de turno. Habla de planificación, de scouting, de cómo se construyó la parte de atrás del bullpen en el invierno.

Un récord que pesa como una losa

Siete derrotas por walk-off no son una anécdota: son un síntoma. Son siete juegos que estuvieron, al menos por un rato, al alcance de la mano. Siete noches en las que la ofensiva hizo lo suficiente para ganar, el abridor o el relevo medio mantuvo el plan… y el noveno se convirtió en un abismo.

Además, este récord adverso llega en un momento delicado de la tabla. Con un registro en el orden de 20-22/20-23, Magallanes se mueve en la frontera entre la parte baja y la zona de comodín/play-in, a unos 4–4,5 juegos del líder pero también demasiado cerca del penúltimo lugar. En un torneo corto como la LVBP, siete reveses entregados en la raya pueden ser la diferencia entre clasificar cómodo o estar leyendo combinaciones de resultados en diciembre.

¿Y ahora qué hace Magallanes?

La pregunta ya no es solo si Rivero debe seguir como cerrador. La discusión es más amplia: cómo reconfigurar un bullpen que ha mostrado grietas estructurales. La gerencia tendrá que mirar con lupa el mercado de importados, evaluar si un relevista extranjero puede asumir el noveno, o si la solución pasa por promover a un brazo interno, quizá menos rimbombante pero en mejor momento.

También entra en la ecuación el manejo del cuerpo técnico: decidir hasta dónde insistir con Rivero, en qué tipo de situaciones utilizarlo y si es necesario sacarlo del foco del cierre para intentar reconstruir su confianza en roles de menor presión. Porque más allá de las estadísticas, lo que se ve en el montículo es un lanzador que carga el peso del error anterior cada vez que toma la bola.

Lo cierto es que Magallanes ya quedó escrito en la historia de la LVBP por la razón equivocada. Y si no corrige pronto, corre el riesgo de que esta temporada sea recordada no por sus victorias, sino por la cantidad de veces que el último out se le escapó de las manos. En una liga que castiga sin piedad los descuidos del noveno inning, los equipos que no cierran los juegos terminan cerrando temprano su campaña.