Un anuncio breve, un vacío grande
La LVBP volvió a hacer algo que creíamos superado: suspender el Juego de Estrellas. El clásico estaba pautado para el 9 de diciembre de 2025 y se cae, otra vez, por las ahora famosas “razones logísticas” que nadie termina de explicar. No hay sede anunciada, no hay reprogramación a la vista, solo un comunicado sobrio y un hueco en el calendario donde debía ir la fiesta del circuito.
En la práctica, la ronda regular sigue igual. No se pierde un juego oficial, no cambia el número de fechas. Pero en lo simbólico, la liga se queda sin su gran vitrina de mitad de campaña, justo en un momento en que venía vendiendo la idea de expansión, juegos especiales fuera de plaza y recuperación de viejas tradiciones.
Una tradición que no termina de estabilizarse
El golpe es mayor porque el Juego de Estrellas venía de dos años seguidos de regreso. Después de la pausa entre 2017 y 2022, la LVBP había encontrado fórmulas atractivas: primero el clásico Occidentales vs Orientales en 2023-24, luego el cruce internacional con el conjunto japonés Japan Breeze en 2024-25. Dos formatos distintos, un mismo mensaje: el evento podía adaptarse a los tiempos y seguir siendo espectáculo.
Por eso, que en 2025-26 simplemente no se juegue, sin mayores detalles, suena a retroceso. No es lo mismo no tener Juego de Estrellas en años de crisis profunda que cancelarlo justo después de relanzarlo y usarlo como carta de presentación del circuito. La sensación que queda es de intermitencia crónica: se arma el show, se recupera la tradición… y al siguiente golpe de calendario vuelve a apagarse la luz.
Impacto en imagen y en oportunidades para las figuras
El impacto no pasa solo por el marketing. El Juego de Estrellas es, para muchos peloteros, la vitrina principal de su invierno: novatos que irrumpen, importados que se ganan el cariño de la afición, veteranos que encuentran allí su último gran aplauso. Ese espacio desaparece este año, y con él se van posibles bonos, exposición televisiva adicional y activaciones comerciales que ayudan a sostener económicamente al torneo.
De puertas afuera, la señal tampoco es menor. En plena competencia por atención con otras ligas del Caribe y con el invierno de MLB, suspender el Juego de Estrellas sin una explicación clara choca con el discurso de crecimiento y modernización. La pelota seguirá rodando, sí; pero la gran foto de familia de la temporada 2025-26 no se tomará. Y en una liga que vive tanto de su historia como de su presente, perder esa postal es renunciar, aunque sea por un año, a uno de sus pocos días destinados exclusivamente a celebrar al espectáculo.